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Aventura en la China Culinaria por Antonio Brillat


 En un año chino regido por el perro. En el que incrementa la comunicación, el humor y el ingenio. Lo creí propicio para aventurarme al otro lado del globo. La idea era una sola. Probar la verdadera comida y derribar mitos del manducar oriental.

Al pisar territorio milenario. La tarea no era fácil, advirtiendo la existencia de ocho regiones culinarias donde elegir. Sin echar más vuelta a la sesera y guiándome más por la memoria culinaria, me decidí por la mundialmente famosa zona de cantón, lógico dirá usted.

Para ubicarnos Cantón o Guangzhou, queda en la geografía sur de China, abrazado por el río Perla, reconocido mundialmente por su fuerte comercio industrial y gastronomía que derivo en adaptaciones occidentales que hoy se esparcen por todo el hemisferio.

Las fragancias son intensas e invaden las cavidades nasales. Predominan olores a jengibres, maníes, durián e interiores en cocciones a vapor y fritas. En la cocina callejera reinan intestinos, guatitas y pescados. Muy lejano de nuestros queridos chapsuies.

Por otro lado en las megas metrópolis, como Shanghái, Guangzhou y Hong Kong surgen restaurantes estilosos y rimbombantes, digno de estrellas Michellin y con todo el centelleo mandarín.

Pero donde realmente el florilegio chino nos da cancha, tiro y lado. Es en los recursos marinos. Quedamos en una punta de alfiler. El seafood es de otro mundo. De dimensiones siderales. Las bestias marinas, cazadas llegan de todos los confines del planeta para retozar en acuarios esperando con venia su futuro. Como deseosos de satisfacer, los millares de paladares que buscan frescura máxima.

Preparaciones a bases de centollas, langostas, salmones, moluscos, patos y cerdos exploran toda la organoléptica de los sentidos humanos con sus distintas texturas. Resultan de guisados sencillos sin mayores prolijidades, siendo los salteados y caldos los que deslumbran junto a montajes artísticos. Y como dicen en la simpleza hay también mucho de arte y nobleza. Y como no serlo. Son más de cinco mil años de culinaria. Viniendo de cocineros imperiales. Y como lo recuerda un refrán chino “La comida es el cielo de la gente”.

Patos, gusanos, ranas, tortugas y demases terminan por encerrar el menú chino, que no es un mito. Y créanme, que allí se come de todo, menos wantan.

Y como me canse de buscarlo. Finalmente lo pude degustar en una versión mejorada en una soberbia cena que nos ofrecieron unos afectuosos amigos del distrito de Shunde. Que dicho sea de paso son usuarios de la multicultural ZOFRI. Todo ello al fragor de caldos de uvas chilensis. Un verdadero manjar a estas alturas para las papilas chinas.

Ganbei!!