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Celebraciones de fin de año


Nuestras fiestas, en parte adaptadas a nuestra realidad con influencias del modelo gringo y europeo. Y es verdad, cada vez veo más nieve y renos en esta época, algo ajeno de lugar. A pesar de temperaturas elevadas, decoramos nuestras casas y lugares de trabajo como si viviéramos en un pueblito en medio de un bosque nevado.

Pero quien soy yo para cuestionar las modas.

Más bien, los convoco a recordar el espíritu de antaño. Recibiendo a nuestros invitados y vecinos, abramos nuestras puertas como se hacían en tiempos pretéritos y no a puertas cerrados como festejamos hoy.

Entreguemos lo mejor de sí, que era el concepto de regalo que había décadas atrás, ofrezcamos jugos naturales, frutas, galletas navideñas y un clásico pan de pascua, ojalá casero, amalgamado con ron, especies, frutos secos y confitados. Betún amasado con cariño por las celestinas manos de nuestras madres y abuelas. Cuya receta adaptaron del pan de cristo de origen alemán.

Hidratémonos con una aromática cola de mono, elixir que tiene tantas historias en cuanto a su origen, que fue por el presidente Pedro Montt, que fue por su señora, por el revolver Colt que portaba o simplemente por el mono de la botella de anís El Mono, donde se guardaba dicho brebaje. Para que más señores, bastan estos clásicos nacionales, para endulzar y celebrar estas fiestas de fin de año. Olvidémonos un santiamén de las compras y regalos ostentosos, más aún en estos días de contingencia social, donde el clamor popular nos invita a lo contrario. Mandemos de vacaciones al pavo y papas duquesas por un momento, y reunámonos en torno al seno familiar, recordando anécdotas e historias familiares.

Antonio Brillat
Columnista Gastronómico
antonio.brillat@gmail.com