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Casa Cervecera Altamira, espuma y sabores artesanales


Por Maureen Berger Hidalgo

Fotografías: Gentileza Casa Cervecera Altamira (www.cerveceraaltamira.cl)

¿Quién dijo que la cerveza es solo para hombres? en Valparaíso -al menos- no es así. Es lo que descubrí tras visitar la Casa Cervecera Altamira, lugar escogido para reunirme con una amiga mexicana y “platicar” de lo humano y lo divino.

Llegamos a las 18:30, y ya está todo pasando en este restaurant, cervecería, que además es club de jazz y museo (ya me explayaré al respecto). Un horario ideal para quienes somos mamás y tenemos mil “cositas” que llegar a hacer a casa. Todas necesitamos una pausa para relajarnos, olvidarnos de la pareja, de los “cabros chicos”, de la pega y la rutina. Por eso aplaudo que Altamira piense en nosotras y abra tan temprano J. Con mi amiga mexicana nos confesamos no muy expertas en cerveza. El garzón, tan gentil, nos nota confundidas y se acerca para ofrecernos la degustación, que viene de 3 a 8 variedades. Como hoy ninguna va a manejar, optamos por la de 8 que incluye Cerveza de Trigo, American Pale Ale, Earl Grey, Amber Ale, Stout, Ipa, Tropical Fruts y Belgian Strong. Nos explican que hay que comenzar probando la más clarita y de ahí avanzar a la más oscura. Se sirven en vasitos pequeños, así cada una escoge las que más le gustan. La idea es seguir con una botella, un shop en garza o en copa, dependiendo de la sed… y esta noche hay bastante sed, y mucho que hablar.

Mientras nos deleitamos con la espuma y los aromas deliciosos de cada estilo de las cervezas frescas y 100% artesanales (acá en Altamira las elaboran permanentemente e incluso se puede ver a los maestros cerveceros en acción en la fábrica a la vista), se nos abre un apetito voraz. Lo bueno es que los platos son generosos (¿quién dijo que las mujeres comemos como pajaritos? otro craso error).

Partimos por un aperitivo para compartir, se nos antojan las Papas Choras. Cuando llegan a la mesa vemos literalmente una montaña de exquisiteces. Sobre el plato hay un arcoíris de variedades de papas fritas rústicas, con carne mechada y queso mantecoso. El queso está suave y la carne perfecta, con un toquecito justo de merquén. Aunque parezca increíble, aún tenemos más hambre, quizás porque ninguna alcanzó a almorzar hoy (mentira). Yo escojo la Hamburguesa del Bosque, con hamburguesa, mix de hojas verdes (rúcula, berros y albahaca), salsa roquefort y mermelada de berries a la Stout que -como todas las de la carta-  se puede pedir en versión vegetariana. Mi amiga, opta por el Crudo Alemán, crudo de res con pepinillos dill, ají verde, perejil, cebolla morada, alcaparras, dressing de mostaza antigua con pan elaborado en casa. Para acompañar, nos aventuramos con los tragos. Como buena mexicana, mi amiga prueba una Chelada (limón, sal, Cerveza American Pale Ale) y para mí, una Beerinha (limón de pica, azúcar flor, jugo de arándano, hielo y American Pale Ale).

Después de una hora de bla, bla, bla, con enjundia, tiempo en que tocó incluso la banda de jazz en vivo (a un volumen tan agradable que no fue necesario alzar la voz para escucharnos) se acerca la encargada de los tours para invitarnos a conocer el museo. Ella nos cuenta que la casa cervecera se encuentra en lo que antes fuera la imprenta La Internacional. “La primera cervecería chilena fue fundada en 1825 por el inmigrante irlandés Andrés Blest, quien arribó a Valparaíso en 1813. Su cervecería estaba ubicada en la Calle del Cabo (hoy calle Esmeralda), entre la Plaza del Orden (actual Plaza Aníbal Pinto, muy cerca de Altamira) y la mítica Cueva del Chivato, lugar que habría utilizado Blest como fresco depósito para sus cervezas”. Además de historia, en el museo hay botellas, tapas, etiquetas antiguas, referencias a Andrés Ebner, otro emblemático empresario cervecero con botellas auténticas de su producción. Entre el primer y segundo piso está San Arnulfo, santo a quien se le atribuyen milagros en torno a la cerveza y en cuadros y galerías, se admira más sobre la cronología de la cerveza en nuestro país, además de botellas de cientos de orígenes.

Se hace tarde, pero nunca taaan tarde para probar los dulces postres con toques cerveceros. Volvemos a la mesa para rematar la velada probando el Brownie y los Panqueques Altamira, de licor Araucano y cerveza Stout, rellenos de manjar y helado artesanal.  Ahora sí, ya es momento de despedirnos de mi amiga que mañana regresa a México. Ambas nos vamos contentas de habernos sentido muy acogidas en el primer brewpub de Valparaíso (ojo, no éramos las únicas mujeres disfrutando en grupo, aunque obviamente dominaban con su presencia los hombres). Después de esta experiencia, me declaro oficialmente una “Altamira Lover”.

Casa Cervecera Altamira
Elías 126 Esquina Cumming
A los pies del Ascensor Reina Victoria
Valparaíso
F: +56(32)319 3619
www.cerveceraaltamira.cl